La brisa tienta a no asumirte en vertical. Ojo cerrado del cuarto creciente cuelga entre archipiélago de estrellas, resplandor que muere en difuminación. Luciérnagas de artificio trazan la silueta de desvelos voluntarios, impacientes plegarias acumuladas en caravana. Vamos ebrios de esta soledad conjunta, nunca antes tan deseada. Insomnios de alcohol y café, cúmulo de miradas, un rosario perfumado por la sal. Oleaje, música a distancia, náufragos irreparables. Acuarela nocturna, líneas paralelas apuntan al infinito. Construyo recuerdos a los cuales me aferraré. Allí está, furiosa, la justificación poética de profundidad. Y aquí nosotros, desandando y borrando con tu mano derecha los trazos de mi pie izquierdo… Seducido nueva vez por los ecos, preparo las añoranzas por nacer.

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