THEATRUM MUNDI: LA PALABRA EN LA ESCENA DE LA SOLEDAD

La relación entre decir y cuerpo alcanza su máxima expresión en la lengua poética, una lengua desconocida de antemano, que solo toma territorio por sí misma en la lengua y en los límites del poema hacia un lector que, en palabras de la poeta gallega Chus Pato, es “un infinito o dos”.

Los ocho poetas congregados bajo el sorprendente título de “Esto no es una antología” nos ofrecen algunas de las rutas  que hoy se están produciendo en la geografía poética dominicana, espacio literario que tuve la oportunidad de conocer a partir de un curso realizado en el CCE en colaboración con el espléndido poeta dominicano Frank Báez.

El colectivo El Arañazo surge, en consecuencia, por el propósito fundado en la amistad de promover la creación poética desde las trincheras de la poética caribeña con el objetivo de “dejar cicatrices”, tal y como quería el gran poeta cubano Severo Sarduy con “palabras que sangran”.

De este modo el libro nos presenta una totalidad de ocho voces particulares que se suman al proyecto de mostrar los ríos capitales de la vida por los afluentes gráficos en los que desemboca la palabra poética.

Ocho voces que son las de: Ricardo Rafael Cabrera Núñez, Alexei Tellerías Díaz, Deidamia Rebeca Galán Cruz,  Lauristely Peña Solano, Luis Reynaldo Pérez, Isis Aquino, Lusmerlin Lantigua y la poeta portorriqueña Ana María Fuster, como miembro honorario .

Todos poetas que de una manera u otra han decidido acogerse a espacios que posibiliten la expansión del poema hacia otros lugares que no son inevitablemente el rancio sonido del pasar de las páginas, como en el grupo de música electrónica Poebeats, espacio de encuentro entre la palabra y la música que viene a sumarse a la ya dilatada trayectoria del grupo El hombrecito, en cuya alineación se encuentran dos poetas de reconocida trayectoria como Homero Pumarol y el ya mencionado Frank Báez.

En Presencias reales: poesía dominicana actual (link) encontramos otros nombres que vienen a completar esta rica presencia de la poesía dominicana. Nombres entre los que cabe destacar a Rosalinna Benjamin, Reina Lissette Ramírez, Rosa Silveiro, Paul Álvarez, Juan Dicen, Glaem Parls, Victoria Linares Villegas, Raquel Virgina Cabrera, Lery laura Piña o Petra Saviñón entre otros y otras autoras.

Este volumen, en consecuencia ejemplar, invita tanto al lector autóctono como al extranjero a profundizar  en la actual poesía dominicana, una poesía que, como toda gran poesía, sabe conciliar los hallazgos de la tradición universal con la experiencia de la raíz y de la tradición caribeña.

En esa tensión entre una dicción pretendidamente universal cabe leer las referencias a un cantautor como Sabina, autor del que no disfruta en absoluto la responsable de estas palabras liminares, o referencias a autores como Oliverio Girondo, cuyo eco nos llega en ese “Poemas para ser leídos bajo la lluvia”. No solo el eco de la gran vanguardia hispanoamericana se encuentra en estos poemas, sino también hay alusiones cuyo rumor se concreta en el sonido de estos poemas de grandes autores universales como Rimbaud, Vallejo, Pessoa o guiños a la poesía de Nicanor Parra.

Pero si la vanguardia histórica y la revolución simbolista modulan estos poemas, es imposible pensar la poesía hoy sin las revoluciones verbales llevadas a cabo por las segundas vanguardias y la reflexión beatniks sobre el lenguaje, direcciones que el lenguaje de estos poemas se muestra en el sentido lúdico en el que se manifiesta la palabra interferida, la deconstrucción (o tal vez reconstrucción de los símbolos) de poemas como “ser 0 no ser” del poeta Ricardo Rafael Cabrera Núñez o los pasatiempos juguetones tanto en lenguaje como en la forma que a través del trabajo lingüístico y la salmodia proponen una labor de contracontención lingüística en que el/ los juegos del lenguaje  asumen la tarea de la supervivencia, como es en el caso de los poemas de Alexei Tellerías Díaz en los que el lenguaje se revela como un refugio “contra la gran ofensa del mundo” como quería Pier Paolo Passolini: “ Aquí estamos, /escondidos frente a todo el mundo, / Esta sala es una gigantesca arena/ poblada por los fantasmas de siempre”.

Fantasmas de siempre que convierten a la lengua, en los restos de un corazón deambulante  que es capaz de convertirse en el centro de la vida, una vida frustrada a veces, una vida estéril salvada en la palabra como es en el caso de los poemas de Deidamia Rebeca Galán Cruz.

La poesía de Lauristely Peña Solano también se propone como espacio dramático en el que los elementos de la vida diaria entran en relación con espacios de la convivencia común, así las concatenaciones Sabina, Facebook, Shopenhauer, Morfeo, asumiendo de esta manera la técnica del readymade, tan querida por las primeras vanguardias, en ese espacio de lucha con el lenguaje forjado de antemano que es todo poema:  “Intenté escribirte un poema y no hice más que forzar el verso./ Tomarlo por el barro y hacerlo hombre. Nombrarlo tú”.

Luis Reynaldo Pérez también se suma a este carnaval de silencios con preguntas a un tú demasiado lejano, demasiado presente: “solo caminas/ mientras las gotas rompen el silencio tibio que vive entre los árboles./ acaso/ ese es nuestro destino/ estar lejos”, una afirmación que se abre violentamente en el poema ¿Dónde estás si no es aquí?

Los poemas de Collage y laberinto, continúan también en ese espacio lúdico donde la poesía se pone al servicio puro de la creación.La poeta Isis Aquino podría “denunciar que me desconcentro con la bulla bachata electro salsa merengosa de mi hermano cuando trato de escribir/ pero no/ la poesía siempre fue para otra cosa”, una “otra cosa” que no se nos desvela y y cuyo fin tal vez no sea más que ese proceso de exhibición y desamparo a través de la frágil membrana de la lengua: “ de ahogarme en esta neurastenia cósmica que exhalo/ de tener un Chernóbil en el pecho”.

En “La noche de las variables malditas”, la selección que nos ofrece la poeta Lusmerlin Lantigua, nos trae ecos de la lengua desasosegada de poetas como Storni o Pizarnik en poemas en los que la voz recoge el caos del mundo: ”Ding Ding Drum Dong finaliza el rito de variables epilépticas / Bong Bong Drum Dong últimas gotas liqueando / Dong Ding Dong Drum / Saciado Conde Bash duerme / Drum/ Ding/ Dong”.

De forma parecida se muestra la palabra en  las canciones de Ana María Fuster en  “la malabarista insomne” en su memorial del cuerpo abocado a ser sonido donde la poesía se propone como la traducción de la piel o la interpretación de la piel.

Los autores que se proponen en este volumen, de manera no antológica y, en consecuencia, no excluyente respecto a la diversidad y a la riqueza de las voces poéticas dominicanas. Son un gran ejemplo de la búsqueda en la que se desenvuelve la República Dominicana hoy, capaz de desarrollar su identidad en diálogo con iconos y mitos universales. Escuchémoslos, pues merecen ser escuchados.

Ana Gorría.
Madrid. Bajo el signo de Acuario.

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Ana Gorría (Barcelona, 1979) Poeta. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Su obra se encuentra presente en diversas antologías nacionales. Ejerce la crítica literaria en La tormenta en un vaso, en la Revista 7 de 7 y forma parte del consejo editorial de la revista Silencios.  Ha publicado dos libros de poemas: Clepsidra (2004) y Araña (El gaviero, 2005) y los cuadernillos De lo real y su contrario (2007) y El presente desnudo (2011).

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